PRIMER PREMIO DE FANFIC DEL HETADAY 2012
Título: Sin título
Autor: Nowaki
Premio: Llavero de Japón (traído de Japón)
Amanecía y los rayos del sol comenzaban a dotar de luz la habitación de Eduard.
Este dormía plácidamente tras una larga noche de limpieza por orden de Ivan, dado que iba a recibir visita y toda la casa debía estar resplandeciente.
Pero como era natural, Ivan delegaría la tediosa tarea de limpiar a sus “queridos” bálticos: Raivis, Toris y Eduard. Mientras tanto, él saldría a visitar a su hermana para saber si podría pagarle la factura del gas.
Y así fue como los tres bálticos fueron forzados a limpiar la casa de su señor.
– No entiendo por qué razón tenemos que limpiar nosotros – comentó Toris mientras limpiaba la gran
cristalera del salón, que había quedado salpicada de gotas rojizas.
– Debe ser porque a él le da pereza hacerlo – respondió Raivis con una voz que denotaba un deje de miedo por si era oído.
– O porque no sabe hacerlo – contestó Toris.
De pronto, ambos bálticos sintieron como si la temperatura de la sala hubiera bajado 10 grados de golpe, porque una voz con una dulzura y un candor que denotaban crueldad contestó a Toris.
– ¿Qué no sé hacer qué, Toris? Veo que vas a necesitar algo de mi compañía… ¿O tal vez de mi hermana Natasha?
Toris y Raivis sintieron que su alma, mente y cuerpo se congelaban. ¿Habría escuchado Ivan su comentario?
Pero cuando ya se preparaban para deshacerse en disculpas mientras se giraban, la voz de Eduard, jovial y alegre, les hizo regresar a la realidad.
– ¿A qué imito bien a Ivan? – y prorrumpió en una sonora carcajada al ver la cara de los otros dos.
– ¡¿Pero se puede saber qué te propones?! – le espetó Toris.
– Ca–casi… casi me da al–algo… – fue capaz de articular Raivis.
–Vamos, vamos… Relajaos los dos. Ivan no va a regresar hasta mañana…
– ¡Pero ya conoces los castigos que nos impone si no sale todo a su gusto! –gritaron Toris y Raivis al unísono.
– Tranquilizaos, por favor… – comentó el mayor de los bálticos, ajustándose las gafas – Tenemos limpia la parte de arriba, y esta parte, la de abajo, está a la mitad.
Raivis y Toris se miraron el uno al otro. A Eduard no le faltaba razón.
– Vamos a tomarnos un pequeño descanso – continuó Eduard –. Al fin y al cabo, nos lo merecemos, ¿no creéis? – concluyó con una pequeña sonrisa.
Los otros dos estuvieron, por fin, de acuerdo con Eduard. Rápidamente se quitaron guantes, delantales y cualquier otro utensilio de limpieza y se sentaron los tres en el sofá de Ivan, ese blanco que solía estar reservado para los invitados.
Tras suspirar por sentarse al fin un poco, fe Raivis quien lo propuso:
– ¿Por qué no jugamos a “verdad o trago”?
Los otros dos le miraron dudosos.
– Si… Ya sabéis… – continuó el menor, aturullándose en sus propias palabras –. Uno dice un hecho, como… yo qué sé… que a Toris le gusta Natasha… y si no es verdad, se bebe.
Bien mirado, necesitaban divertirse un poco, así que aceptaron ambos.
– ¿Pero… – interrumpió Toris –… qué bebemos?
– ¿Qué tal… algo de vodka? – propuso Raivis en un susurro.
La respuesta conjunta de Eduard y Toris no se hizo esperar.
– ¡¿PERO TÚ ESTÁS BIEN?!
– S–si… – respondió Raivis en un susurro –. Abajo hay mu–muchas botellas… No creo que se dé cuenta de si falta una…
– Estoy de acuerdo – corroboró Toris.
Eduard suspiró. En buena se había metido. Si acababan borrachos (que todo apuntaba que sí), todo tomaría un rumbo que no deseaba. Se conocía bien, y sabía que si dejaba que el vodka se adueñara de él, eso solo significaba que sus labios entrarían en contacto con los de otro como mínimo.
– Eduard… Eduard… ¡Ey, despierta!
La voz de Toris le sacó de sus pensamientos. Ante sí se encontró con un vaso de vodka y las miradas de Toris y Raivis.
– Ay, si… Perdón…
– Te toca… – informó Toris – A ver… Veamos, ¿alguna vez has pasado una noche loca con… digamos… ese tal Tino?
El rostro de Eduard se tiñó de rojo de repente.
– ¿Qu… Qué?
– ¡Ajá! Osea que sí. – se rió Raivis.
– ¡N–no! ¿Cómo voy a…?
– Reconócelo, Ed… lo has hecho… – rió Toris.
Le habían pillado. Era cierto. Algunas noches, sus pensamientos habían aterrizado junto a Tino, y su fantasía se había ocupado del resto.
Para ocultar su sonrojo, levantó el vaso y bebió. Tras posar de nuevo el vaso en la mesa, tragó el líquido y se dispuso a pregunta a Toris.
Poco a poco, fueron sintiéndose más animado y acalorados, lo que acabó originando que los tres fueran perdiendo sus camisas. A medida que la noche se echaba encima y bebían más, fueron sintiéndose más desinhibidos con las preguntas.
Cuando ya Raivis había sido vencido por el sueño y apenas quedaba vodka, Toris y Eduard se encontraban en ropa interior, debido al alcohol.
– E–está bien… gafitas – logró articular Toris –. Veamos… ¿le has dado… un beso a… otro hombre?
– Pu… Pues… no… – y alzó su vaso vacío con la intención de beber.
Toris acabó riendo. Había ganado aquel juego.
– He ganado… Y como premio… – de repente, se abalanzó sobre Eduard y juntó sus labios con los del rubio.
Era difícil imaginar describir esa sensación. Le gustó mucho, y como única respuesta exterior acarició el pecho desnudo de Toris, mientras su lengua degustaba aquellos labios con sabor a vodka.
Tras unos minutos que parecieron una eternidad, el beso se rompió.
– T… Toris…
Cayó en un profundo sueño a la vez que Toris, con una sonrisa en los labios.
De repente, se abrió la puerta principal, y apareció una figura altísima con una bufanda.
Ivan sonrió para sí al encontrarse el panorama, y tras comprobar que todo satisfacía a sus exigencias, tomó a cada báltico en brazos y los llevó a sus camas respectivas.
– Buenas noches, bálticos. Veo… que lo habéis vuelto a hacer – susurró a sus dormidos sirvientes.
Eduard despertó, y tras constatar que estaba en su habitación, se levantó.
Justo en ese momento llamaron a su puerta, y esta se abrió antes de darle paso.
– Buenos días, Toris – saludó Eduard con una sonrisa mientras se levantaba y besaba al visitante cálidamente.
– Buenos días, Ed…
Primer premio de fic en el Hetalia Day 2012
Segundo premio de fic en el Hetalia Day 2012
SEGUNDO PREMIO DE FANFIC DEL HETADAY 2012
Título: Sin título
Autor: Kiba
Premio: Peluche de un mochi UK (hecho a mano)
Abrió la puerta de una patada y entró llenando el suelo de la mezcla de barro y sangre de sus botas, dejo el hacha apoyada contra la puerta con más delicadeza de la que era propia en él.
Fuera el sonido de la lluvia era tan intenso que apenas podía escuchar el sonido de sus propios pensamientos.
En parte eso le gustaba, así al menos una parte de lo vivido hacía unas horas podía ser borrado de su mente.
O al menos podía no pensar en ello más de la cuenta.
Se internó en la casa y llamó a gritos al más pequeño. No hubo respuesta.
Seguramente el muy imbécil había decidido marcharse.
Sabía que el día llegaría, no paraba de mirarle de esa manera que le hacía sentir culpable, como si él fuera el que día tras día decidía que otros debían morir por su mano, como si hubiera sido su elección. Pero por supuesto jamás se dignará a explicarle nada, a decir que él no disfrutaba de vivir así, que eran otros los que decidían el camino que debía tomar para ser fuerte. Y Dinamarca DEBÍA ser fuerte, no solo por él, si no por el otro, por Suecia, pero el más pequeño era incapaz de verlo.
Escuchó unos pequeños pasos venir del pasillo, por lo visto el otro no se había ido, pero ya era tarde, él ya estaba furioso.
No supo ni como, era ajeno a sus propios gritos y a sus acciones, siempre que el menor acababa lleno de golpes y asustado era como s fuera otro el que ocupaba su cuerpo. No es que disfrutara haciéndolo, pero tampoco podía disculparse, su orgullo no se lo permitía.
Y años después cuando su familia estaba al completo y pensaba que tras la lucha y las guerras y todo el tiempo pasado por fin estarían bien sucedió lo que había temido desde el principio.
Suecia se fue. Pero no solo, no. Había huido con uno de los miembros recientes de su familia.
Se había ido con otro y no con él, había elegido a otro. Y sabía ya desde el principio que nunca iba a ser capaz de perdonarle y que ya no podía [NdT: palabra ininteligible]. Aún así salió a buscarle, hacha en mano y con la furia en los ojos.
Sabía que no podría alcanzarle y tampoco quería. Habían llegado al final y de encontrarle le mataría.
Título: Sin título
Autor: Kiba
Premio: Peluche de un mochi UK (hecho a mano)
Abrió la puerta de una patada y entró llenando el suelo de la mezcla de barro y sangre de sus botas, dejo el hacha apoyada contra la puerta con más delicadeza de la que era propia en él.
Fuera el sonido de la lluvia era tan intenso que apenas podía escuchar el sonido de sus propios pensamientos.
En parte eso le gustaba, así al menos una parte de lo vivido hacía unas horas podía ser borrado de su mente.
O al menos podía no pensar en ello más de la cuenta.
Se internó en la casa y llamó a gritos al más pequeño. No hubo respuesta.
Seguramente el muy imbécil había decidido marcharse.
Sabía que el día llegaría, no paraba de mirarle de esa manera que le hacía sentir culpable, como si él fuera el que día tras día decidía que otros debían morir por su mano, como si hubiera sido su elección. Pero por supuesto jamás se dignará a explicarle nada, a decir que él no disfrutaba de vivir así, que eran otros los que decidían el camino que debía tomar para ser fuerte. Y Dinamarca DEBÍA ser fuerte, no solo por él, si no por el otro, por Suecia, pero el más pequeño era incapaz de verlo.
Escuchó unos pequeños pasos venir del pasillo, por lo visto el otro no se había ido, pero ya era tarde, él ya estaba furioso.
No supo ni como, era ajeno a sus propios gritos y a sus acciones, siempre que el menor acababa lleno de golpes y asustado era como s fuera otro el que ocupaba su cuerpo. No es que disfrutara haciéndolo, pero tampoco podía disculparse, su orgullo no se lo permitía.
Y años después cuando su familia estaba al completo y pensaba que tras la lucha y las guerras y todo el tiempo pasado por fin estarían bien sucedió lo que había temido desde el principio.
Suecia se fue. Pero no solo, no. Había huido con uno de los miembros recientes de su familia.
Se había ido con otro y no con él, había elegido a otro. Y sabía ya desde el principio que nunca iba a ser capaz de perdonarle y que ya no podía [NdT: palabra ininteligible]. Aún así salió a buscarle, hacha en mano y con la furia en los ojos.
Sabía que no podría alcanzarle y tampoco quería. Habían llegado al final y de encontrarle le mataría.
Tercer premio de fic en el Hetalia Day 2012
Y como prometimos, tanto en el evento como en twitter, comenzamos a subir los ganadores, tanto de fanart como de fanfic, del HetaDay de este año ^^
Antes de nada, debemos tener en cuenta que dichos escritos (en el fic, que es el tema que nos atañe esta entrada y las dos siguientes) fueron realizados siguiendo las bases vigentes. Es decir: escritos en ese mismo momento, a mano, y en un plazo de tiempo limitado.
Por tanto, hay letras que, por mucho que hayamos querido, no hemos entendido del todo, y pedimos disculpas a los autores si hemos cometido algún fallo al transcribirlo ^^U
Y también, no seais duros con ellos, solo tenían hora y media para poder terminar, y como tal, no es que tuvieran mucho tiempo para poder corregirlo al 100% XDDD
* [NdT:] = Nota del transcriptor.
[NdA:] = Nota del autor.
TERCER PREMIO DE FANFIC DEL HETADAY 2012
Título: Reacción
Autor: Kiriahtan
Premio: Un llavero/colgante para el móvil de la bandera de Rusia (hecho a mano)
Hacía mucho que nadie ponía un pie en aquel edificio. Daba la impresión de que llevaba siglos abandonado cuando solo eran unos meses… Pero habían sido unos meses largos y sedientos, espesos para la memoria e incomodas a la lengua.
Alfred F. jones apartó un madero a un lado. Solo se oía el ruido de sus pasos avanzando en el silencio y Alfred empezaba a pensar que tal vez no estuviese allí. Pero, ¿dónde si no?
Del nuevo gabinete de gobierno ruso solo llegaba la confusión y nuevas medidas. La recién nacida Federación Rusa se abría al mundo y al inevitable capitalismo, como Alfred sabía que algún día ocurriría.
Pero desde la caída de la ya anticuada Unión Soviética no se había vuelto a ver a Ivan Braginski.
¿Estaba preocupado? Su idea era derrotar a Ivan, que admitiese su error, pero después de ocho meses sin tener noticias de la representación rusa las demás noticias comenzaban a inquietarle. Que diese la cara. Que afrontara la derrota como un hombre. Eso era lo que Alfred quería conseguir buscándolo.
Apartó un bloque de piedra. Avanzar entre las ruinas del Kremlin era tedioso y complicado, listones de madera, trozos de piedra, incluso fragmentos y marcos de cuadros, inundaban los pasillos y suelos. Restos desvalijados y rapiñados. ¿Podría vivir ahí alguien? Aunque si Ivan estaba allí no estaba viviendo para nada…
– ¡Arg! – incluso con su fuerza luchar contra las ruinas era dificultoso. O tal vez fuese solo la frustración.
Alfred era poco paciente, inquieto y no tenía mucho tiempo, ganas para buscarlo.
Gruñó apartando más ruinas y entonces oyó un roce cerca. El sonido de las botas contra el suelo. Alfred se detuvo y miró en dirección del sonido: un pasillo a su izquierda. Estaba oscuro como la boca del lobo.
Alfred se sintió inquieto al pensar esto. Un lobo muerto puede no estar tan muerto como parece aparentemente, esperando abalanzarse sobre la primera presa que, ingenua, se aproximase.
“No, piensa, Alfred” se ordenó a sí mismo y cuadró los hombros, inspirando aire profundamente, hinchando el pecho y mirando hacia la sombra que se aproximaba hacia él.
La figura fue aumentando de tamaño, y aún así Alfred se dio cuenta de que estaba encorvada, con el peso cargado en los hombros y arrastrando algo que producía un sonido metálico de arrastre por el suelo. Un sonido que solo acompañado por su respiración y pesadas pisadas producía escalofríos.
Ivan apareció frente a él. El pelo casi blanco estaba manchado, agitado. La piel solo ensombrecida porque estaba [NdT: palabra ininteligible] y el abrigo sucio y rasgado en el bajo. La oscuridad del pasillo amenazaba a Alfred desde la espalda del viejo (¿Y actual?) enemigo. Lo que arrastraba era un grifo pero no era lo único que llevaba en la mano: agarraba también una botella de [NdT: palabra ininteligible] casi vacía, sin ningún dilema de medio y medio, de algo que seguramente fuese vodka.
Alfred tragó saliva.
¿Su [NdT: palabra ininteligible] había sido tan espeluznante alguna vez?
– Ivan – lo llamo, [NdT: palabra ininteligible], ¿sería capaz de hablar aún? El ruso alzó la cabeza, sombrío y los ojos violetas se clavaron en él, profundos, amenazantes y huecos –. Ivan debes salir de aquí. Sé que te sientes avergonzado de tu derrota pero, ¡anima esa cara! Todos sabíamos…
No pudo acabar la frase. El metal le golpeó el estómago y se clavó luego contra su cuello, alzándolo contra la pared [NdT: palabra ininteligible] lo que lo había empotrado de improvisto. Alfred maldijo, echando pestes.
– ¿Crees que esto es el final? – la voz, rasposa, atravesó su garganta. Parecía que hacía mucho que no hablaba y las palabras eran esposas como el metal roto.
Se rió. Por lo bajo, agitando los hombros, en una extraña convulsión.
– [NdT: palabra ininteligible]… – no podía dejar de reír.
– Estás loco, siempre lo estuviste – masculló Alfred. El grifo contra su garganta le impedía articular bien las palabras pero lo hizo –. ¡Suéltame! – ordenó sin que le hiciera caso –. No sé por qué nos preocupamos por ti, ¡deberíamos dejar que te pudrieras aquí!
Ivan había dejado de reírse, la cara repentinamente inexpresiva frente a la mueca de locura anterior. Parecía pensativo, ¿estaba considerando sus palabras? A Alfred le costaba creerlo. Ivan era un loco y esa visita un error. Si ya lo sabía…
– Tal vez deberíais haberlo hecho, da – asintió muy lentamente Ivan.
– Suéltame – ordenó de nuevo Alfred, gruñendo, era lo poco que podía hacer.
Pero su sorpresa el ruso hizo caso de su orden y le dejó caer, sin ninguna delicadeza, pero libre. Alfred se golpeó las piernas y las costillas contra el suelo. Se frotó la garganta, tosiendo, dolorido.
– Loco… – musitó pero Ivan ya se había puesto en marcha dándolo la espalda.
Al parecer no tenía más que decir pero se encaminaba a la salida.
¿Qué acababa de ocurrir? Alfred no tenía ni idea pero parecía que había cumplido su objetivo de sacar a Ivan de su enclaustramiento y desaparición.
Lo que significase eso era otra cosa.
Aún frotándose la dolorida garganta lacerada por el grifo se puso en pie.
Ya no se veía nada de Ivan cuando avanzó hacia la salida del antiguo lugar.
[NdA: El Kremlin no destruido con la caída de la URSS, pero en esta versión me pareció adecuado]
Antes de nada, debemos tener en cuenta que dichos escritos (en el fic, que es el tema que nos atañe esta entrada y las dos siguientes) fueron realizados siguiendo las bases vigentes. Es decir: escritos en ese mismo momento, a mano, y en un plazo de tiempo limitado.
Por tanto, hay letras que, por mucho que hayamos querido, no hemos entendido del todo, y pedimos disculpas a los autores si hemos cometido algún fallo al transcribirlo ^^U
Y también, no seais duros con ellos, solo tenían hora y media para poder terminar, y como tal, no es que tuvieran mucho tiempo para poder corregirlo al 100% XDDD
* [NdT:] = Nota del transcriptor.
[NdA:] = Nota del autor.
TERCER PREMIO DE FANFIC DEL HETADAY 2012
Título: Reacción
Autor: Kiriahtan
Premio: Un llavero/colgante para el móvil de la bandera de Rusia (hecho a mano)
Hacía mucho que nadie ponía un pie en aquel edificio. Daba la impresión de que llevaba siglos abandonado cuando solo eran unos meses… Pero habían sido unos meses largos y sedientos, espesos para la memoria e incomodas a la lengua.
Alfred F. jones apartó un madero a un lado. Solo se oía el ruido de sus pasos avanzando en el silencio y Alfred empezaba a pensar que tal vez no estuviese allí. Pero, ¿dónde si no?
Del nuevo gabinete de gobierno ruso solo llegaba la confusión y nuevas medidas. La recién nacida Federación Rusa se abría al mundo y al inevitable capitalismo, como Alfred sabía que algún día ocurriría.
Pero desde la caída de la ya anticuada Unión Soviética no se había vuelto a ver a Ivan Braginski.
¿Estaba preocupado? Su idea era derrotar a Ivan, que admitiese su error, pero después de ocho meses sin tener noticias de la representación rusa las demás noticias comenzaban a inquietarle. Que diese la cara. Que afrontara la derrota como un hombre. Eso era lo que Alfred quería conseguir buscándolo.
Apartó un bloque de piedra. Avanzar entre las ruinas del Kremlin era tedioso y complicado, listones de madera, trozos de piedra, incluso fragmentos y marcos de cuadros, inundaban los pasillos y suelos. Restos desvalijados y rapiñados. ¿Podría vivir ahí alguien? Aunque si Ivan estaba allí no estaba viviendo para nada…
– ¡Arg! – incluso con su fuerza luchar contra las ruinas era dificultoso. O tal vez fuese solo la frustración.
Alfred era poco paciente, inquieto y no tenía mucho tiempo, ganas para buscarlo.
Gruñó apartando más ruinas y entonces oyó un roce cerca. El sonido de las botas contra el suelo. Alfred se detuvo y miró en dirección del sonido: un pasillo a su izquierda. Estaba oscuro como la boca del lobo.
Alfred se sintió inquieto al pensar esto. Un lobo muerto puede no estar tan muerto como parece aparentemente, esperando abalanzarse sobre la primera presa que, ingenua, se aproximase.
“No, piensa, Alfred” se ordenó a sí mismo y cuadró los hombros, inspirando aire profundamente, hinchando el pecho y mirando hacia la sombra que se aproximaba hacia él.
La figura fue aumentando de tamaño, y aún así Alfred se dio cuenta de que estaba encorvada, con el peso cargado en los hombros y arrastrando algo que producía un sonido metálico de arrastre por el suelo. Un sonido que solo acompañado por su respiración y pesadas pisadas producía escalofríos.
Ivan apareció frente a él. El pelo casi blanco estaba manchado, agitado. La piel solo ensombrecida porque estaba [NdT: palabra ininteligible] y el abrigo sucio y rasgado en el bajo. La oscuridad del pasillo amenazaba a Alfred desde la espalda del viejo (¿Y actual?) enemigo. Lo que arrastraba era un grifo pero no era lo único que llevaba en la mano: agarraba también una botella de [NdT: palabra ininteligible] casi vacía, sin ningún dilema de medio y medio, de algo que seguramente fuese vodka.
Alfred tragó saliva.
¿Su [NdT: palabra ininteligible] había sido tan espeluznante alguna vez?
– Ivan – lo llamo, [NdT: palabra ininteligible], ¿sería capaz de hablar aún? El ruso alzó la cabeza, sombrío y los ojos violetas se clavaron en él, profundos, amenazantes y huecos –. Ivan debes salir de aquí. Sé que te sientes avergonzado de tu derrota pero, ¡anima esa cara! Todos sabíamos…
No pudo acabar la frase. El metal le golpeó el estómago y se clavó luego contra su cuello, alzándolo contra la pared [NdT: palabra ininteligible] lo que lo había empotrado de improvisto. Alfred maldijo, echando pestes.
– ¿Crees que esto es el final? – la voz, rasposa, atravesó su garganta. Parecía que hacía mucho que no hablaba y las palabras eran esposas como el metal roto.
Se rió. Por lo bajo, agitando los hombros, en una extraña convulsión.
– [NdT: palabra ininteligible]… – no podía dejar de reír.
– Estás loco, siempre lo estuviste – masculló Alfred. El grifo contra su garganta le impedía articular bien las palabras pero lo hizo –. ¡Suéltame! – ordenó sin que le hiciera caso –. No sé por qué nos preocupamos por ti, ¡deberíamos dejar que te pudrieras aquí!
Ivan había dejado de reírse, la cara repentinamente inexpresiva frente a la mueca de locura anterior. Parecía pensativo, ¿estaba considerando sus palabras? A Alfred le costaba creerlo. Ivan era un loco y esa visita un error. Si ya lo sabía…
– Tal vez deberíais haberlo hecho, da – asintió muy lentamente Ivan.
– Suéltame – ordenó de nuevo Alfred, gruñendo, era lo poco que podía hacer.
Pero su sorpresa el ruso hizo caso de su orden y le dejó caer, sin ninguna delicadeza, pero libre. Alfred se golpeó las piernas y las costillas contra el suelo. Se frotó la garganta, tosiendo, dolorido.
– Loco… – musitó pero Ivan ya se había puesto en marcha dándolo la espalda.
Al parecer no tenía más que decir pero se encaminaba a la salida.
¿Qué acababa de ocurrir? Alfred no tenía ni idea pero parecía que había cumplido su objetivo de sacar a Ivan de su enclaustramiento y desaparición.
Lo que significase eso era otra cosa.
Aún frotándose la dolorida garganta lacerada por el grifo se puso en pie.
Ya no se veía nada de Ivan cuando avanzó hacia la salida del antiguo lugar.
[NdA: El Kremlin no destruido con la caída de la URSS, pero en esta versión me pareció adecuado]
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